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By 30 junio, 2014 Leer más →

“Estamos empezando un nuevo proceso de transformación estratégica de la ciudad que tiene como base el empleo”

Todo este tiempo en el Ayuntamiento le convierten en testigo privilegiado de la transformación urbanística de Bilbao. ¿Cómo analizaría esta reconversión de una ciudad industrial de los años 80 a una urbe de servicios del siglo XXI?

Es verdad que lo he vivido de una forma privilegiada, porque fui el arquitecto director del PGOU que tenía que provocar ese cambio de ciudad. Y la política me ofreció una oportunidad que pocas veces brinda a mis colegas de profesión, que es implementar como político lo que antes has trabajado como técnico.

No puedo más que valorar de manera positiva esta transformación, y así lo ha reconocido tanto la ciudadanía de Bilbao como los premios internacionales. La transformación de Bilbao se considera una de las más rápidas, profundas y exitosas de los últimos años en el ámbito internacional.

No se cansa de explicar que si antes se trataba de pasar de una ciudad gris a una urbe amable, ahora hay que conseguir una ciudad inteligente. ¿Qué quiere decir con esto?

Estamos empezando un nuevo proceso de transformación estratégica que, al igual que la anterior, que buscaba cambiar una ciudad industrial, tiene como base fundamental el empleo. Si el Bilbao de los altos hornos y astilleros no hubiera entrado en crisis en los 80, probablemente seguiríamos siendo la ciudad industrial que fuimos. El cambio vino motivado por una crisis que provocó tasas de desempleo del 25%. Nuestra preocupación entonces era cómo podíamos reponer ese empleo. Y la solución pasaba por el sector terciario, de servicios; sin abandonar la industria, porque esta seguía siendo una gran generadora de riqueza pero de una manera mucho más tecnificada, robotizada, que ya no necesitaba de una gran cantidad de mano de obra. Así, el sector servicios precisa de un entorno más cuidado, para atraer turismo, congresos, etc., lo que nos obligó a cambiar todo el chasis físico de la ciudad.

Ahora tenemos una crisis financiera global y nuestra prioridad sigue siendo la misma: conseguir empleo. El plan estratégico que estamos ahora poniendo en marcha pretende pasar a una ciudad de economía inteligente. Y con ello no me refiero a una ciudad que emplea las nuevas tecnologías, sino a que los ciudadanos de Bilbao puedan ser más creativos y competitivos, que puedan aportar un valor añadido. Se trata de una transformación más coral de la ciudadanía, no sólo mediante grandes inversiones públicas como fue la anterior, con la ejecución de infraestructuras como el Metro, el Guggenheim, etc. Ahora tenemos que dirigir, incentivar esa reconversión, poniendo a disposición de emprendedores innovadores y creativos las instalaciones necesarias para que desarrollen su actividad: startups tecnológicas, aplicaciones para móviles, videojuegos, etc. Se trata de facilitar su desarrollo a aquellos que tienen un capital intelectual pero no un capital económico.

El pasado mes de mayo comenzaron las obras de Zorrotzaurre con los trabajos de apertura del canal de Deusto. ¿Un hito histórico en la regeneración urbanística de Bilbao?

No sé si histórico pero sí que es un hito muy importante. Zorrotzaurre, con sus 61 hectáreas, supone la mayor actuación urbanística de Bilbao. Y no sólo cuantitativamente, sino también cualitativamente. Va a suponer una conjugación de usos, residencial y de actividad económica. Queremos que parte del parque tecnológico de Zamudio desarrolle su actividad en Zorrotzaurre mediante una unidad urbana y además dedicar algunos edificios para que alberguen una industria diferente, creativa, que mezcle el arte y la tecnología, el diseño audiovisual, aplicaciones informáticas, videojuegos, etc. Conseguir que esa actividad la desarrollen los propios residentes de la zona significaría importantes ahorros en desplazamientos y transportes, tanto públicos como privados, haciendo la ciudad mucho más sostenible.

La apertura del canal, ¿hasta qué punto garantiza la posibilidad de evitar futuras inundaciones como la de 1983?

La apertura del canal arregla parte del problema. La probabilidad de retorno, de que estadísticamente se vuelvan a producir unas inundaciones de tal magnitud, es de 500 años. Tras las inundaciones del 83 se estimó que había que realizar tres grandes actuaciones. La primera era mejorar el cauce del río a la altura de La Peña, que ya se hizo. La segunda era la apertura del canal, que según los cálculos supondría un descenso del nivel del agua en caso de inundaciones de 1,7 metros en Zorrotzaurre, un margen que va descendiendo progresivamente aguas arriba hasta llegar a cero a la altura del puente del Ayuntamiento. El tercer elemento, el que evitaría que se inundara el Casco Viejo, era hacer un túnel subterráneo de derivación entre La Peña y Olabeaga, punto en el que la ría se ensancha. Este túnel estaría cerrado y sólo se abriría en momentos de grandes avenidas de agua. Se trata de una obra de mucho presupuesto que en estos momentos está postpuesta y que es competencia de la Administración del Estado.

A lo largo del próximo año 2015 está previsto que comience la primera fase de la operación Zorrotzaurre, con la construcción de 3.200 viviendas y una inversión que ronda los 340 millones de euros. En unos momentos de crisis en los que el descenso de los proyectos públicos es notable, ¿este nivel de inversión certifica la apuesta de las Administraciones por esta iniciativa?

Por matizar esas cifras, hay que explicar que la obra que está acometiendo la Administración Pública es la apertura del canal y la construcción del puente, que se ha adjudicado por unos 17 millones de euros. Aparte de esta obra, la estimación de la Comisión Gestora de Zorrotzaurre, de los propietarios de los terrenos, es de 215 millones, divididos en dos fases, la primera con un presupuesto de 139 millones.

Dicho esto, es verdad que estamos en unos momentos de crisis económica, pero creo que la actuación de Zorrotzaurre es un proyecto que hay que acometer por varios motivos. Primero, porque la crisis pasará y hay que seguir planificando y ordenando el futuro de la ciudad. Uno de los problemas que ha tenido Bilbao es que en época del desarrollismo franquista de los años 50-60, creció muy desordenadamente sin ningún tipo de planificación. Y también hay que ser un poco anticíclico, fomentando la inversión, haciendo obra pública que también ayuda a la economía.

Se trata de un proyecto a largo plazo. ¿Cuáles cree que serán los tiempos más realistas? ¿Cree posible que Zorrotzaurre esté culminado para mediados de este siglo?

Son 61 hectáreas. Los plazos son muy difíciles de prever. Dependerá del sector inmobiliario, que en estos momentos es uno de los más afectados por la crisis. Lo que es la urbanización estará antes, pero para la ciudad culminada como tal, un horizonte de tiempo lógico sería de 30 años. Hay que tener en cuenta que Abandoibarra, que con unas 35 hectáreas es más pequeño, tardamos 15-20 años en terminarlo y en unos momentos de gran bonanza económica.

¿Qué supondrá para los bilbaínos la transformación de los más de 600.000 metros cuadrados que ocupará Zorrotzaurre?

Es un nuevo pedazo de ciudad, que tendrá su parte histórica, la antigua vega de Deusto, la parte pegada a la ría, no al canal. Y el resto será una ciudad absolutamente nueva, mixta y rica en actividades diversificadas. No va a ser un barrio residencial ni dormitorio.

Hace escasos dos o tres años que se pudo dar por concluida la transformación urbanística de Abandoibarra, la que fue joya de la corona en los años 90. ¿Es Abandoibarra el espejo que tienen que mirar los bilbaínos para hacerse una idea de lo que será Zorrotzaurre?

No. Inicialmente Abandoibarra tenía un diseño más mixto que el que ha tenido al final. Mixto en el sentido de que entendíamos que tenía que tener viviendas y oficinas. La realidad nos ha mostrado que en el Ensanche había suficientes oficinas, por lo que el espacio previsto para estas se destinó a viviendas. Son todos edificios residenciales menos la torre Iberdrola que concentra todo el espacio dedicado a oficinas. Zorrotzaurre será más variado.

La actuación en Punta Zorrotza está todavía por definir. ¿Habrá que esperar a la transformación de Zorrotzaurre o ya existe un borrador encima de la mesa?

Ya hay definidas varias alternativas que mezclan espacios residenciales con zonas dedicadas a la actividad industrial más tradicional. Hablamos de industria limpia, compatible con las viviendas. El avance está redactado y ahora comienza el proceso de información pública.

Una zona de Bilbao que ha visto cambiar notablemente su fisonomía es Garellano, que ha pasado de albergar las antiguas instalaciones de la Policía y Bomberos a unos imponentes rascacielos que albergarán en breve 1.150 viviendas. ¿Para cuándo la operación pendiente de Termibus, que se ha visto pospuesta en alguna ocasión por quedar desierto el concurso público?

No quedó desierto por falta de interés de los promotores, sino porque no consiguieron el apoyo financiero. Eso nos obligó a redefinir el proyecto y en este momento prevemos que la licitación y la adjudicación esté culminada dentro de este mismo año 2014.

El derribo del viaducto de Sabino Arana y los nuevos accesos por San Mamés han transformado el paisaje, atendiendo una vieja demanda de los vecinos. Ahora son los habitantes de Rekalde los que piden una variante que permita retirar la autopista elevada que atraviesa su barrio. ¿Existe alguna previsión al respecto?

Se trata de una competencia de la Diputación, por lo tanto no soy la persona más adecuada para hablar de este asunto. Sí que tengo conocimiento de que la Diputación lo va a estudiar, que es una obra de muchísima inversión y la Diputación acaba de realizar un gran esfuerzo, no por el derribo de Sabino Arana, sino por todo lo que le ha rodeado, los nuevos accesos, etc. Antes de licitar la obra hay que hacer estudios de impacto ambiental, de viabilidad, de alternativas, etc., muy complejos. Todo ello requiere mucho tiempo y para cuando estén listos esperemos haber superado la crisis.



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