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By 6 septiembre, 2012 Leer más →

“La rehabilitación de edificios no debe ser una alternativa a la construcción, sino una actividad complementaria”

¿Cómo está sobrellevando el sector de la construcción en Bizkaia la crisis? ¿Les consta si están desapareciendo muchas empresas?

La construcción de vivienda nueva en Bizkaia ha descendido ostensiblemente desde el año 2007 y se ha quedado estancada en torno a las 2.000 viviendas anuales, lo que parece indicar que hemos tocado suelo. La consecuencia negativa es que se está destruyendo el tejido productivo del sector de la construcción, que mueve mucha pequeña empresa, que está desapareciendo. Y con ellas está desapareciendo todo el conocimiento artesanal y manual, el saber hacer, que luego cuesta muchísimo recuperar. Nos tememos que todas las profesiones de albañilería, fontanería, carpintería, etc., acaben desapareciendo.

¿Manejan algún tipo de previsiones respecto a lo que le espera al sector de la construcción a corto-medio plazo? ¿Se espera una recuperación de la edificación?

En Euskadi no existe un exceso de oferta o producción en edificación, lo que existe es un problema financiero. El día en que vuelva a fluir el crédito, volverá la demanda de vivienda, igual no a unos niveles como los que hemos vivido, pero al menos deberíamos duplicar la cifra de 2.000 viviendas que decíamos que se construyen actualmente al año.

¿Cómo espera que contribuyan medidas como el fomento de la rehabilitación de edificios a la reactivación del sector?

Lo que habitualmente se llama rehabilitación es en realidad trabajo de conservación y  mantenimiento de los edificios, y se está entendiendo como una alternativa a la nueva construcción, cuando ése no debería ser el planteamiento. La rehabilitación no debe de ser una alternativa, sino complementaria. En otros países europeos, la actividad de conservación y mantenimiento supera a la de la construcción. Es mucho más sostenible cuidar y reparar los edificios existentes que construir nuevos, que es una actividad muy agresiva que consume suelo, recursos naturales, energía, etc. Aquí nos hace falta un cambio sociocultural, tenemos que pasar del usar y tirar, del comprar nuevo, a cuidar lo que tenemos. Es un campo ilusionante, con mucho futuro, y beneficioso para todos, para las ciudades y sus habitantes y para las empresas, ya que genera mucho trabajo para las pymes locales.

¿Hasta qué punto se está aplicando la Inspección Técnica de Edificios que tienen que pasar obligatoriamente los inmuebles de más de 50 años?

No se está implantando de una manera efectiva por un problema de gestión. Desde nuestro punto de vista no se ha enfocado bien. Los políticos entienden que es una especie de impuesto o de carga hacia las comunidades de vecinos. Esto no se ha entendido bien. A los 50 años es cuando, generalmente, un edificio empieza a tener sus primeros achaques. Son los normales, por desgaste y exposición a la intemperie, aunque esté bien construido. Que un técnico independiente, no una empresa que quiere vender su producto, revise el conjunto general del edificio y establezca el estado de salud del mismo y las prioridades en cuanto a conservación y mantenimiento, es una poderosísima herramienta para los propietarios. Por ejemplo, en lugar de pintar la fachada, que es lo primero que piden los vecinos porque es lo más visible, igual lo que hay que arreglar es el patio, que puede tener problemas estructurales o simplemente porque por ahí se escapa todo el calor del interior de las viviendas. Y el coste es ridículo. Estamos hablando de 100-150 euros por vecino cada diez años.

Entonces, ¿por qué no termina de implantarse?

Otro de los motivos por los que no se ha implantado es porque tiene un coste para la administración, que tiene que hacer un seguimiento de las ITEs y de requerir que se subsanen los defectos encontrados, etc. Y ahora las administraciones no están para estos gastos. Pero creo que lo que hay que hacer es vender que una ITE es algo beneficioso. No hay que obligar, sino convencer. Una ITE puede consistir perfectamente en una puesta a cero del edificio, similar al Libro del Edificio que se entrega con las nuevas construcciones desde 2006 y que constituye un manual de mantenimiento del inmueble.

¿Cuál está siendo el resultado de la nueva titulación en Ingeniería de Edificación surgida con el proceso de Bolonia?

Existe una polémica absurda a mi juicio. El Plan Bolonia permite a cada universidad denominar sus titulaciones como prefieran. La titulación puede tener el nombre que se quiera pero en el caso de las profesiones reguladas como la nuestra, sigue siendo arquitectura técnica. Es decir, un titulado en ingeniería de edificación ejercerá como arquitecto técnico. Esta falta de entendimiento de lo que es el Plan Bolonia, entre otras cosas, esconde una guerra sórdida por acaparar parcelas de trabajo en el sector de la edificación por parte de otras profesiones.

Los arquitectos han contado siempre con un mayor reconocimiento social, alcanzando algunos de ellos el ‘estrellato’. Y los aparejadores, ¿consideran que no se les valora lo suficiente?

Los arquitectos técnicos somos gente muy práctica, con los pies en el suelo y nada pretenciosos. Sólo pretendemos que se entienda nuestra profesión. El arquitecto proyecta, el aparejador materializa ese proyecto, lo conserva durante su vida útil y, finalmente, se encarga de su demolición y de la gestión de sus residuos. Cuando le explicaba mi profesión a mis hijos pequeños, la comparaba con la música: el arquitecto sería el compositor y el aparejador el director de orquesta, que a su vez serían los gremios. La labor del aparejador es de coordinación, de organización y de control, más que de creación. Son actividades complementarias, aunque el reconocimiento se lo lleve el creador, como pasa en todos los ámbitos de la sociedad.

¿Qué opinión le merece un Código Técnico de la Edificación que parece que sigue sin convencer a un gran número de profesionales?

Tiene la ventaja de que recoge en un solo documento toda la normativa que antes estaba dispersa. Pero tiene el gran inconveniente de que se ha elaborado por partes que no tuvieron contacto entre sí hasta que ya estaban prácticamente terminadas. Se ha intentado engarzar estas partes, y eso es lo que no ha funcionado, porque se han creado contradicciones, como en el caso de que un documento indique que hay que conservar el calor, pero otro dice que hay que renovar el aire todos los días. El Código se está revisando y corrigiendo en gran parte en la actualidad.

Otro inconveniente que posee, es que se ha diseñado para obra de nueva construcción. En el caso de la rehabilitación no sirve, porque no se pueden aplicar todas sus disposiciones en un edificio de cien años. Quizás debiera existir un Código diferente para los inmuebles antiguos.

¿Qué valoración hace del proyecto de Ley de Vivienda del Gobierno vasco? ¿Qué le parece que el acceso a la vivienda se haga constar como un derecho exigible ante los tribunales?

Estoy de acuerdo en que todo el mundo tiene que tener derecho a una vivienda digna, pero no tiene por qué ser en propiedad. Hay que cambiar la mentalidad. Aunque es cierto que en nuestro entorno el alquiler ha sido similar a la cuota de una hipoteca, en la mayoría de los casos, no tiene ningún sentido invertir tanto esfuerzo y dinero en la adquisición de una vivienda. Esta tiene que ser como cualquier otro servicio que pagamos, como el transporte público, que podamos cambiar con flexibilidad. Podría ser un servicio que empresas especializadas pusieran a nuestra disposición.

La actual Ley del Suelo vasca establece unas reservas de suelo excesivas, según los promotores, que afirman que hace inviables muchas promociones. ¿Comparte esta opinión?

Es cierto que desde la Ley Maturana existen en Euskadi unos altísimos niveles de construcción de vivienda pública. Lo que no es cierto es que esto haga inviables las promociones, lo que hace es encarecerlas. Si queremos tener un buen sistema de vivienda protegida, hay que dedicarle recursos. Pasa lo mismo con la sanidad o la educación públicas. Es una decisión política. A mi entender, la vivienda pública en propiedad es una auténtica aberración. Estoy dispuesto a que se pague con mis impuestos un sistema de vivienda pública en alquiler, como alternativa a la privada. Debe ser igual que en el caso de la sanidad o la educación: puedes acudir a la privada, pero siempre tienes la alternativa de la pública.

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