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By 19 julio, 2011 Leer más →

“El sector ha sido cortocircuitado financieramente y se encuentra paralizado”

¿Qué análisis hace de la actual crisis económica que tan duramente está golpeando a un sector como el de la construcción?

La crisis la produjo una burbuja inmobiliaria apoyada por la banca por medio de las denominadas hipotecas basura. La excesiva especulación de suelo en los últimos diez años ahora hay que reconducirla y reabsorberla. No se puede producir suelo urbano y ofertar casas sin parar e indefinidamente. En nuestro país esta burbuja se perpetuó también a causa de que los ayuntamientos encontraron en la ley del Suelo una vía indirecta para financiarse por medio de las recalificaciones de suelo. Según la Ley, el ayuntamiento recibía como cesión obligatoria y gratuita el diez por ciento de toda la edificabilidad lucrativa y además el suelo transformado y urbanizado. Seguidamente los ayuntamientos hacían caja rápida revendiendo los derechos edificables al mejor postor, para seguir sufragando los costes de los demás servicios públicos.

Al final acabó por imponerse la cruda realidad. La oferta no puede ser indefinidamente creciente porque existen limitaciones del lado de la demanda. Tanto en lo que se refiere a la vivienda como bien social de consumo de primera necesidad, como a la demanda puramente inversionístico-especulativa de viviendas, hay que medir bien.

El sector de la construcción, que es esencialmente de base geográfica local-regional, ha sido cortocircuitado financieramente y se encuentra paralizado por una espiral viciosa. Los bancos destinan nuestros depósitos y los recursos monetarios públicos prioritariamente al saneamiento interno de la burbuja hipotecaria que ellos mismos contribuyeron a crear; bloquean el dinero que las promotoras necesitan para tener liquidez y poder seguir produciendo viviendas, y tampoco prestan en volumen suficiente a los consumidores para que puedan adquirirlas. Bancos y cajas se refuerzan patrimonialmente a largo plazo, recomprando hoy a la baja activos inmuebles que los consumidores hipotecaron anteayer al alza.

¿ Y cómo está afectando la crisis a los arquitectos vizcaínos?

En Bizkaia había en 2008 más de mil profesionales liberales, más de 700 PYMEs que daban lugar a varios miles de empleos directos. Debido al reventón de la burbuja inmobiliaria, hoy estos empleos son insostenibles y una parte se va destruyendo gradualmente. Con ello pierde Bizkaia un sector técnico-profesional cualificado. La cartera de pedidos de proyectos se concentra en tres o cuatro grandes empresas de servicios de arquitectura e ingeniería, que tratan así de sostener sus propios costes fijos de plantilla, pero fagocitar el mercado interno provincial tampoco es solución para ellas. Tratan de diversificar tanto sus productos-servicios como sus áreas geográficas de mercado-objetivo, pero esto último es muy complicado sin alianzas internacionales, ya que “en todas partes hacen relojes”. Por eso se aferran al mercado interno que mejor les puede acoger: el de la obra civil pública.

¿Se nota un descenso en el visado de proyectos?

Sí. Se nota un descenso de un 30% en el visado de proyectos de obra nueva, en número absoluto de expedientes. En cuanto a los presupuestos globales de dichas obras, las cifras han bajado bastante más.

La arquitectura es una profesión que históricamente no ha conocido el paro. ¿Ha cambiado esto con la crisis?

Históricamente hablando, la arquitectura, como casi todas las demás actividades humanas, claro que sí ha conocido el paro, ya que el “paro” no es más que una consecuencia que se presenta asociada al ajuste de capacidad productiva en las fases de crisis o en los periodos o picos bajos de declive del ciclo de actividad económica. Con esta crisis no ha cambiado más que una cosa: la causa de la crisis, que en esta ocasión, por primera vez en la historia reciente de la economía globalizada, reside en la financiación desmedida e hiperinflacionaria del mercado especulativo de suelo por arte y parte de un determinado sector de alto riesgo de la banca internacional, que terminó por contaminar al conjunto del sistema monetario.

Lo auténticamente novedoso y “original” es que los platos rotos en la banca privada se pagan ahora no con la quiebra del negocio bancario mal gestionado y la estabilización del negocio bancario competente, serio y profesional, sino con cargo a los consumidores. Hoy, nuestros impuestos (dinero público) y también nuestros depósitos y nuestros ahorros (dinero privado) se destinan prioritariamente a enderezar los balances de la propia banca privada causante de los daños colaterales, en lugar de aplicarse a medidas anticíclicas clásicas en política económica de crisis, tales como crear bienes de inversión y empleo público. El desempleo aumenta sin que nadie haga nada para evitarlo, método infalible para reducir la riqueza social agregada, abaratar la mano de obra, y comenzar un nuevo “ciclo condicionado” de libre mercado.

¿Está produciéndose una ‘fuga’ de arquitectos a otros países con mejores oportunidades?

En este contexto, poca relevancia tiene preguntarse si algunos arquitectos buscan o no otros países con mejores oportunidades. Nuestras oportunidades, las de todas las personas, están aquí. Lo que nos falta a todos es ser conscientes de que lo principal es gestionar con rigor y profesionalidad, tomar las riendas de nuestros propios problemas.

¿Cómo están sobrellevando los estudios de arquitectura vizcaínos la situación? ¿Están desapareciendo empresas?

Como todo el mundo, lo están sobrellevando no muy bien, pero sí lo mejor que pueden. Muchos capean el temporal manteniendo sus empresas en hibernación, a la espera de que se ofrezcan nuevas oportunidades. Sí están desapareciendo algunas PYMEs de servicios de arquitectura, pero también se están creando otras nuevas por parte de jóvenes profesionales con solvencia, autogestión, capacidad técnica y confianza en el futuro. Ningún mal dura para siempre.

¿Manejan desde el COAVN algún tipo de previsiones respecto a lo que le espera al sector de la construcción a corto-medio plazo?

No. Para hacer previsiones hace falta un marco o serie histórica de datos homogéneos, y lo curioso es que la Ley de Adaptación a la Directiva Europea de Servicios Profesionales (Ley Omnibus, Diciembre de 2009), así como la Ley de Vivienda del País Vasco abren un ciclo basado en nueva legislación sectorial que condicionará el sector, no siempre para bien, durante la crisis y posteriormente a ésta y cuyos efectos no podemos conocer aun. Desde el COAVN estamos desarrollando un Plan Estratégico para identificar los escenarios de futuro más probables y anticipar los cambios precisos.

¿Qué valoración hace de la Ley del Suelo vasca? ¿Cree necesaria una reserva de suelo para vivienda protegida del 75% como la que establece?

La valoración es buena, pero a pesar de que se promulgó en 2006, todavía no se ha promulgado el reglamento que debía desarrollarla. Lamento que su estructura y redacción se hayan quedado ancladas en el siglo veinte en lugar de hablarnos en el lenguaje y contenido más claramente ecosistémico-urbano que hoy empleamos en urbanismo y en arquitectura. En cuanto a si es necesario o no, mucho o poco, un 75% de reserva de suelo para vivienda protegida, sólo puedo decir que no tengo suficientes datos de lo que eso significa. ¿De cuánto suelo se trataría? ¿Lo ha calculado alguien? Cuando esto se cuantifique, podremos opinar.

En abstracto y de entrada, no significa nada más que confiar a la “vivienda barata por decreto” la solución al verdadero problema, que no es el coste de construir viviendas, sino el elevado valor del suelo debido a la escasez y opacidad del mercado de especulación con suelo. Con ello se está obviando que el problema de vivienda del 15% marginal o “resto social desatendido” (porcentaje de la población incapaz de costearse una mínima compra o alquiler de vivienda a precios de libre mercado) sólo tendrá solución de verdad cuando se disponga de suficiente suelo de propiedad pública para edificar viviendas dentro de programas de alquiler social público bonificado para los que no tengan otra oportunidad de subsistir entre nosotros.

Por otra parte, tanta baratez por decreto merma seriamente las posibilidades y capacidad de las constructoras para generar en lo demás sus márgenes de negocio sobre la base de precios del libre mercado, y consolida un ficticio igualitarismo social de la vivienda que no se corresponde con la compleja y variada segmentación sociológica por niveles de renta.

Los retrasos de las administraciones a la hora de pagar obras y servicios repercuten muy negativamente en empresas y profesionales. ¿Cómo afecta esto a su gremio?

Los retrasos por fortuna no son la norma común de pago en el caso concreto de las Administraciones Autonómicas y Territoriales del País Vasco, quizá más en su hermano pobre (por falta desde hace cuarenta años de una siempre prometida y nunca promulgada Ley de Financiación), las Administraciones Municipales. Salvo contados casos, esto hace que no haya efectos graves por tales causas para los arquitectos. De media, un arquitecto tarda en cobrar entre dos y tres meses, excepto en contratos con Ayuntamientos, donde el plazo citado puede con frecuencia duplicarse y a veces incluso triplicarse por lo antedicho, debido a problemas internos de caja.

Parece que ahora ya no suenan tanto los nombres de los ‘arquitectos estrella’ que en época de bonanza se adjudicaron la mayoría de proyectos emblemáticos. ¿Dará esto una oportunidad a los profesionales autóctonos o volverá a ser la norma habitual cuando superemos la crisis?

Las estrellas están para brillar en nuestros firmamentos personales y colectivos. Orientan al que navega, dan luz gratis en la oscuridad, estimulan la exploración de los límites. En arquitectura el “star system” es en su mayor parte una mezcla de idea-oportunidad, y moda-novedad, como en la Fórmula 1: una mezcla de tecnología punta, moda, imagen de marca y oligopolio de intereses económico-financieros, con absoluta indiferencia respecto a los circuitos locales. Todo ello es pasajero y pronto queda superado, excepto los edificios, que esos sí que se quedan para largo. Son nuestro autorretrato colectivo para generaciones futuras.

El Código Técnico de la Edificación sigue sin convencer a un gran número de profesionales, que lo consideran un documento denso, con lagunas, que ha sufrido reescrituras constantes. ¿Qué opina usted?

El Código Técnico de la Edificación ha estado desde sus inicios en manos del Instituto Eduardo Torroja que, dicho sea con todo el respeto que su historial merece, es una eminencia en hormigones pero un lego en tareas de diseño de proyectos complejos como son las edificaciones. Fue el ministro Álvarez Cascos en persona quien en el año 2000 negó al Consejo Superior de Arquitectos de España la posibilidad de pilotar el proceso, enormemente trascendental y complejo, de desarrollar el Código Técnico de manera integral y coherente desde la perspectiva de sus principales destinatarios finales, los arquitectos.

Lo que sucedió es que en lugar de plantearse a priori como objetivo central el de lograr que una orquesta conjuntada interpretarse una gran sinfonía, lo que se hizo fue trocear la partitura, distribuyéndola a diversos “grupos de expertos” que fueron editando cada cual a su mejor entender pequeñas piezas instrumentales específicas, los Documentos Básicos del CTE. En su conjunto y a efectos de su razón-aplicación práctica, el CTE es hoy bastante más tortuoso, árido y pesado de lo que fueron hace veinticinco años las Normas Tecnológicas de la Edificación, normas a las cuales el CTE pretendidamente vino a mejorar y sustituir. Como no hay mal que por bien no venga, afortunadamente también aquí los jóvenes y veteranos arquitectos tienen a futuro claras posibilidades de trabajo en este ámbito que hasta hoy les ha sido vetado, el de redactar y sistematizar la normativa de su campo de atribuciones específico.

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